Muerte de una vesícula

Todos nacemos con una vesícula biliar, salvo mutaciones de última hora, la mayoria de la gente vive con su vesícula toda la vida y junto con ella muere cuando le llega la hora. Normalmente las vesículas cumple su función corporal en silencio, sin que nadie las tome en cuenta, almacenan bilis, segregan bilis, almacenan bilis segregan bilis. Dudo mucho que exista un cielo de vesículas biliares pero si existiera allí estaría la mayoría disfrutando de la felicidad eterna vesicular.
Sin embargo para algunas vesículas las cosas no son tan fáciles y tienen que ser extirpadas quirurgicamente.
Mi vesícula biliar tuvo una infancia feliz, creo, ya que aunque me gustaba comer a todas horas no estaba excesivamente gordo, algo fuerte quizás, sin embargo por alguna razón y en algún momento del comienzo de mi juventud empezó a tener problemas, problemas que me comunicaba mediante unos dolores terribles en la zona abdominal, cólicos.
Durante años mantuvimos esa comunicación, de la que también participaban empleados de distintos centros sanitarios de urgencias, después tal como vino se fue, y pasamos años sin hablarnos. Finalmente a principios de este año retomamos nuestras antiguas relaciones, pero ni ella ni yo eramos los mismos. Yo ya no podia disponer de mi tiempo a mi antojo y ella se pasaba hablando demasiado tiempo.
Era el momento de empezar una nueva relación, de ser más independientes el uno de otro, yo no queria desprenderme de ella por completo, así que le pregunté a la cirujana si podia meterla en un frasco de fórmol, me miró rara y me dijo que no, que si a caso me daria los cálculos que provocaban los cólicos. Me conformé porque los cálculos siempre fueron nuestro tema de conversación favorito.
No se si existe un cielo para vesículas biliares bautizadas, o si el dia del juicio retornará a su acogedor rincón debajo de mi higado lo que si se es que estamos mejor separados.
*Imagen: Representación idílica de mi vesícula.
